4 de junio de 2018
«Lista de infidelidades»

Sánchez, un exquisito 'cadáver’ y sus contradicciones éticas

Un hombre hecho para el tormento es el nuevo presidente del país. Ha sido espuma y víctima de conjuras de tenderos, de fascistas y de comunistas, de todas las enfermedades que pueblan España; ha estado muerto, casi muerto, enterrado, y olvidado. Y, de repente, ahí está: acodado en el mostrador, mandando la Nación. ¿Qué ha pasado, qué clase de película de colesterol y de grasientas maniobras lo han traído desde el sarcófago hasta aquí?

La sentencia Gürtel, por supuesto. El PP, declarado partido corrupto y el presidente Rajoy, no creído por el tribunal, tomado como un vulgar mentiroso. Una ola de indignación se levantó contra el partido conservador pero eso, en sí mismo, no guarda poder suficiente para que triunfe una censura en cuestión de una semana. Hicieron falta unas cuantas deslealtades.

La primera, la del propio Pedro Sánchez, el “exquisito cadáver” proclamado primer ministro el pasado sábado. En enero, su hombre de confianza, José Luis Avalos, dijo muy seriamente que en la vida llegarían a La Moncloa acompañados de separatistas o de radicales que pusieran en duda la integridad de la Patria. Pues eso es lo que tiene: una cohorte de separatistas esperan de él que hable, negocie, acerque etarras, acerque presos catalanes, resuelva lo de Puigdemont, respete a la Cataluña que quiere independizarse, que la trate de igual a igual.

Esa es una deslealtad contra sus propias convicciones. Pero hay otra más: la censura se convoca, según sus promotores, para “salvar la dignidad del pueblo español” de la corrupción del PP. Por eso hay que echar a Rajoy, al que se considera lo suficientemente manchado por aparecer en los papeles de Bárcenas. Esa cuestión, la moral, justifica los votos a favor de la censura de Bildu, PNV, Compromis, ERC, PDeCAT, Podemos y Nueva Canarias, pero en ningún caso justifica que los inconexos intereses que les unen se mantengan vivos con un gobierno cuya durabilidad desconocemos. En nombre de la ética Sánchez tendría que haber convocado elecciones en el justo momento de haber ganado la investidura. Evidentemente no lo hizo porque todas las fuerzas embaucadas perseguían el mismo propósito: recuperarse de encuestas recientes, que los declaraba perdedores, obteniendo el poder en un asalto sin precedentes y, sobre todo, demoler a su principal enemigo, Ciudadanos, en la misma actuación.


PNV: el abrazo del oso vasco

Otra deslealtad: la del PNV. La semana anterior había salvado a Rajoy apoyando la aprobación de sus presupuestos. Al tiempo, había cerrado una aportación extra para Euskadi cercana a los 600 millones de euros y el traslado de los presos etarras a tierras vascas. Siete días después, el tsunami de la indignación hizo presa en gente tan bien pertrechada para pensar exclusivamente en su ombligo. Es la historia del nacionalismo vasco y catalán: cuando se abre la puerta del separatismo, ahí están ellos intentando colarse por ella. Ya lo hicieron en el 36. Estaban con la República, pero cuando la República fue atacada por Franco y su golpe de Estado, las dos, Cataluña y Euskadi, proclamaron su independencia mandando a las chacaritas al gobierno de izquierdas. Ahora vuelven a estar con todas las izquierdas cuando ellos en esencia son burgueses, de derechas, victimistas que se aprovechan de la facilidad que tienen los “zurdos” para entender el universo como si fuera una grata conversación en la que siempre gana la gente de buena voluntad.


La derrota nacionalista canaria: del todo a la casi nada

La deslealtad del PNV al PP es tan infame como la de Nueva Canarias. También una semana antes, Román Rodríguez y Pedro Quevedo celebraban en Las Palmas de Gran Canaria, con un Rajoy entronizado por los nacionalistas, unos presupuestos “antológicos”, conseguidos, por supuesto, gracias a su gran facilidad para la estrategia, imponiendo el interés general de los ciudadanos del Archipiélago sobre su ideología, asegurando que su sola presencia beatífica lograría de Rajoy reformar el Estatuto de Autonomía, aprobar una nueva ley electoral y anclar el REF en la Constitución. Eran, en sus propias palabras, los presupuestos “más importantes de la Historia”, el principio de algo inconcebible hacía unos meses: la igualdad de Canarias con el resto de las regiones españolas. Y el milagro, eso debía quedar muy claro en la propaganda oficial, se debía a sus extraordinarias artes para persuadir a Rajoy de la importancia de su voto 176, el que le daba la mayoría necesaria al PP para que pudiera gobernar España durante dos años más. Rajoy dibujaba en su rostro una sonrisa de felicidad. Con dos años por delante, lograría encabezar un tercer mandato. Eso pensaba. Se abrazaba a Pedro y a Román, y estos se abrazaban a él describiendo la elipsis de una relación amigable perfecta, imbatible.

Así fueron las cosas: debe saberse que el primer partido que apoyó a Pedro Sánchez en su censura, después, claro, de Podemos, fue Nueva Canarias. El primero en traicionar a Rajoy. Por ideología. Porque las izquierdas han de estar juntas, supongo. Canarias fue, en el momento de la verdad, para estos señores, una baratija comparada con su ideología marxista, de corte sudamericano/polisario/palestino/sufridor e internacionalista.

¿Fue un buen negocio? Para Canarias no, desde luego. La matemática dice que, tras la entrada del PNV en la censura, el Archipiélago pierde el papel estratégico de Ana Oramas y Pedro Quevedo. Ya no existe el diputado 175 ni el 176. Ese lugar es para Compromis, para PDeCAT, Esquerra, e incluso Bildu. El dinero se irá para Valencia, para Cataluña o para Euskadi. Como mucho, Canarias recibirá lo pactado con el PP en los presupuestos, siempre y cuando el partido conservador no encuentre en una argucia una forma de paralizarlos o de retrasarlos. Y cuando reciba ese dinero puede que sea noviembre o diciembre, sin tiempo real para gastarse lo previsto según los respectivos convenios.

Pero lo que está muy tocado por esta victoria trocada en derrota es todo lo demás: el Estatuto; la igualdad con el resto de los españoles en cuando a la financiación; la reforma electoral (diez parlamentarios más en una de las autonomías más pobres del país), y el anclaje del REF en la Constitución. Estamos jodidos. No parece probable que un gobierno débil, con el apoyo únicamente de los 84 diputados socialistas, que tendrá que pactarlo todo con Podemos, con catalanes, valencianos y vascos, se acuerde del futuro de unas islas históricamente olvidadas por el centralismo madrileño. Y si se acuerdan, difícilmente llegarán a tiempo. Este gobierno encalla el día en que Pablo Iglesias quiera, y es suficientemente conocido que, si se trata de presumir de egos, el suyo es insuperable. Afirmar lo contrario, como hacen Rodríguez y Quevedo, es engañar a la gente. Canarias ha empeorado extraordinariamente su posición en el tablero.

En cuanto al voto “desleal” de Oramas, parece que alguien se ha olvidado de que Clavijo gobierna en Canarias con el apoyo del PP, y que cuatro cabildos son la resultante de la combinación entre PSOE y CC.

 

La actuación de la Justicia en el separatismo catalán resultó determinante

Al final, este triunfo indiscutible de la deslealtad se reduce a la combustión conjunta del caso Gürtel con el 155 catalán y sus principales líderes, o en la cárcel o en el exilio. El PP dijo en su momento: “dejemos el asunto catalán en manos de los jueces”. Eso es lo que ha pasado. Han decidido los jueces. Metieron sin compasión, en aplicación severa de la ley, al gobierno Puigdemont en la mazmorra y crearon una sensación de persecución de sus derechos fundamentales en la mitad de la población de Cataluña. Los políticos ni hablaron ni dialogaron ni buscaron una salida para reducir odios y venganzas. Cuando vieron que Rajoy temblaba a consecuencia de la sentencia, fueron a por él. Por venganza. Por no haber utilizado la política para solucionar problemas de índole política. El partido se disputó en Madrid pero todo lo que pasó fue en clave catalana. Cortarle las alas a Rivera por su actuación en Cataluña llevaba esa firma; retirar a Rajoy para eliminar una torre pétrea incapaz de moverse, de articular un solo puente, era por Cataluña; usar la descolocación de Sánchez y de Iglesias (castigados por las encuestas) para impulsar sus ambiciones desmedidas a la búsqueda de un protagonismo necesario para seguir sobreviviendo…, echando una mano a las pretensiones vascas/catalanas estaba en la misma clave. Uno venía de la muerte, el otro de burlarse de su electorado comprando un chalé para ricos. Dos desesperados en busca de autor.

Todos los protagonistas de esta obra han sido desleales con el honesto proceder de la política, bien consigo mismos o con los demás. Unos han robado de lo público o lo han permitido; otros negociaron apoyar al PP y lo contrario en la misma secuencia; otros más aprovecharon la oportunidad para usurpar un trono que debía ser votado por los ciudadanos; y otros, apostando por su vetusta ideología, traicionaron los intereses de los que dicen defender.

Que se me perdone el “optimismo”, pero por más que miro a los actores principales sólo veo una UTE (Unión Temporal de Empresas) cuya principal obra, ganada en rápida licitación y con baja temeraria, acaba de empezar a construirse por el tejado.

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