2 de octubre de 2017
«Patria en llamas»

Ahora Mariano Rajoy puede seguir enfilando al Constitucional, a los jueces, y a los fiscales, contra las numerosas personas, y cargos públicos, que no han hecho el menor caso a las leyes españolas. Van a tener trabajo, un trabajo duro y agobiante contra una muchedumbre imparable que ayer votó aunque no hubiera condiciones para hacerlo en Cataluña. Puede que arruinen a unos cuantos, y puede que atemoricen a otros, pero la batalla y la guerra están perdidas. Los líderes políticos catalanes no están solos, tienen a una importante parte de la población detrás de ellos. El apoyo es trasversal: desde jóvenes adolescentes a auténticos abuelos, pasando por todas las edades maduras, hombres y mujeres. La desafección es un hecho, la separación algo objetivo, el grave error del Estado español imposible no destacarlo. Ya podemos proclamarlo a los cuatro vientos: algo de España murió ayer, murió el actual estado autonómico y murió definitivamente la Transición. El café para todos ha devenido en un fracaso histórico.

Y por supuesto que el referéndum fue ilegal y, por supuesto, que eso del censo universal fue una charlotada… Y, por supuesto, que las urnas eran tan dinámicas que parecían dibujos animados. No era un referéndum, no había garantía legal alguna, era un ensayo de otro que seguramente será legal. Pero lo que querían demostrar los separatistas lo demostraron con suficiencia: tomaron las calles y fueron a votar, sabiendo que la policía controlaba las calles principales y diferentes colegios electorales. Todo el que quiso pudo sacar fotos de los acontecimientos, de las cargas policiales, de los más de 700 heridos, de la vergüenza colectiva que supone utilizar la violencia contra personas indefensas; y también de la templanza del pueblo catalán que acudió en paz a ejercer un derecho, eso sí, completamente ilegal.

Que un gobierno del siglo XXI no tenga en cuenta la fortaleza de las imágenes en un mundo viral es que es un auténtico idiota, indigno de representar a un país serio como todavía debe ser España. Esas imágenes despiden un veredicto inapelable: la carga policial a las nueve de la mañana fue brutal, no hubo muertos, pero sí cientos de heridos, algunos graves. A partir de entonces la policía dejó de embestir y la calle se llenó de gente deseando votar, muchos de ellos sabiendo que no se cumplían condiciones objetivas democráticas. Lo que ha visto el mundo es a una ciudadanía catalana deseando votar si se queda o no. Han visto a una multitud ávida de que la escuchen, absolutamente pacífica, no cayendo en la tentación de la violencia o de la respuesta airada. En ese sentido han sido un ejemplo.

Cataluña no es el País Vasco, donde el terrorismo envenenó cualquier tipo de simpatía por el movimiento separatista. Cataluña, al margen de sus dirigentes, es la región más culta de España y la más competitiva. Es la más europea, la más dotada de todas para representar la modernidad y el progreso.

Ayer puede que la hayamos perdido para siempre. Gracias al señor Rajoy por su extraordinario trabajo. Y también a Soraya Sáenz de Santamaría, feliz porque se haya cumplido la ley: pueden ustedes a empezar a cavar su tumba. Gracias por su profunda impavidez, por su humillante silencio, por haber permitido que se llegase a lo que pasó hace tan solo unas horas. Esas imágenes sobre esos hechos nunca teníamos que haberlas visto, nunca tenía que haber sucedido algo tan repugnante, tenía que haberse impedido cuando hace cinco años alguien lanzó en Cataluña un desafío de estas características. Rajoy es el principal impulsor de esta doliente separación, preside un partido corrupto que no posee autoridad moral para llegar a acuerdos ni con otros gobiernos corruptos ni con inocentes.

Cualquiera que haya apoyado a este presidente tiene ahora la respuesta. Huyendo de Podemos, los votos han terminado en un irresponsable encadenado a leyes que son como los diez mandamientos entregadas a los hombres por todo un dios todopoderoso. Un señor que no podía hablar de tú a tú con alguien que quería marcharse de España. Y no lo podía hacer porque lo iban a callar a la primera recordándole los numerosos casos que protagoniza su partido, y él mismo, detrayendo sistemáticamente los recursos públicos. Los que lo eligieron pusieron su confianza en el único político que no podía resolver la unidad de España porque carecía de capacidad para persuadir a cualquiera que pensara de forma distinta.

A nadie se le oculta que la independencia catalana la puso en marcha el clan corrupto que ha mandado en Cataluña desde la Transición: la familia Pujol. ¿Es imaginable una conversación entre el presidente de un partido corrupto y Jordi Pujol, extraordinariamente enloquecido porque, al fin, el Estado no ha podido frenar las actuaciones judiciales contra él y su familia? ¿De qué iban a hablar los que se financian a través de instituciones públicas? ¿Podía Rajoy garantizarle a Pujol que algunos ‘malditos’ jueces independientes apartasen sus manos de sus hijos, de su mujer, de su familia, de él mismo? Es seguro que no. He aquí una de las claves del choque de trenes.

Supongo que en el día de hoy habrá mucha gente que no quiera hacer una reflexión de este tipo. De repente el planeta se ha estrechado mucho y parece que lo que hay que manifestar hoy son alabanzas a España o a Cataluña. Me niego a ese reduccionismo, me niego a esa falta de talante democrático. Estamos aquí para analizar y para decir claramente lo que pensamos. Y lo que pensamos es que estamos hartos de fundamentalismos y de fanatismos patrióticos, de cualquier patria, de cualquier bandera.

Ayer fue una fecha trágica para esta nación. Las leyes las hacen los políticos en el Parlamento; por lo tanto, las leyes pueden cambiarlas también los políticos. Negarse a eso es no ser razonable. Es comportarse como un ciudadano residual. Entonces, no nos vengan ahora con estas… ¿Se va a utilizar el imperio de la ley de forma implacable contra todos los catalanes que ayer quisieron votar? ¿Cuántos de ellos no fueron alimentados por el silencio escabroso del Gobierno de España? ¿Cuántos ayer salieron a votar, cuando no esperaban hacerlo, después de que las redes sociales informasen de la bochornosa carga policial?

En Cataluña ya saben el camino. Las desobediencias continuarán y nadie podrá pararlo. Los que controlan el poder en Cataluña han salido reforzados para continuar el camino de la independencia, mientras que el PP, por el contrario, queda seriamente tocado. Los demócratas españoles están quebrados, fracturados, conteniendo el aliento, reconociendo que no pueden consentir el abuso de la violencia contra ciudadanos que piensan de otro modo. La rebelión ha triunfado. Lo vamos a ver en los próximos días. Vamos a ver la debilidad del Gobierno central. Los veremos cómo prometen, ahora sí, la apertura de la Constitución y cómo prometerán un cupo vasco en Cataluña, es decir, que cobren los catalanes sus impuestos y que luego sean ellos los que le devuelvan al Estado el sobrante. Veremos que los mismos que dicen que la ley hay que cumplirla taxativamente, dirán que esas mismas leyes hay que cambiarlas para dar cabida a todas las sensibilidades. No pasará mucho tiempo para contemplarlo.

Si a alguno se le queda la cara de gilipuertas lo entenderé perfectamente. Sobre todo si es votante del Partido Popular, el partido patriótico por antonomasia. Pues pasa que la Patria se ha descuajeringado, La Patria tiene un problema de imagen serio ante Europa y el mundo, La Patria huele a 1898 cuando perdió las últimas colonias, la Patria no es capaz de controlar un referéndum ilegal ni siquiera por la fuerza, la Patria ha resucitado el fascismo para combatir el reto catalán… Patria, menuda Patria.

Pero sucede una cosa. Ya nada es igual. Me parece que ni siquiera los organizadores del referéndum esperaban una manifestación tan masiva por parte de los llamados a votar. Pueden elegir lo que quieran. Ir rápido, ir lento, aceptar la apertura del melón de la Constitución o no asumirlo, negociar directamente una fecha para un referéndum legal o pedir desde ya conversaciones para marcharse. Incluso es probable que la UE aconseje a España un acuerdo a cualquier precio. Cataluña no se va de Europa como el Reino Unido, sólo quiere irse de España.

La crisis a partir de ahora muda de acera: la tiene el Gobierno constitucional de Rajoy. No creo que ni la misma derecha sea capaz de apoyar este soberano fracaso. Hay que dudar de si la legislatura termina en 2019 como quería Rajoy, hay que dudar si Rajoy quedará vivo políticamente después de esto. Lo normal es que se adelanten elecciones y que España elija a un gobierno que sea capaz de rebajar los daños, que son profundos, enormes.

 

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