12 de febrero de 2018
«La rendición»

Morales ‘sacrifica’ a Román Rodríguez

El pasado martes, en el Parlamento, Román Rodríguez fue él mismo. Se presentó como un adalid de la entrada en el Archipiélago del aire propanado, argumentando que su partido no sería oposición a las lógicas pretensiones empresariales de competir de igual a igual con otras empresas ajenas a Gran Canaria.

Su discurso no era muy diferente al que había dado escasas horas antes Antonio Morales, presidente del Cabildo, ante una nutrida representación del Círculo de Empresarios. No habría oposición suya al aire propanado para las empresas turísticas e industriales, aunque mantenía todos los reparos en relación a introducirlo en las casas y edificios. Cosa lógica por cuanto si alterase su posición en lo último podría costarle el puesto en las próximas elecciones, acusándole sus partidarios de haberse cambiado de bando.

Hay una gran diferencia entre lo que dijo uno y otro, aunque sea prácticamente lo mismo. Román Rodríguez lo expuso en público, Morales en privado. Lo de Morales en privado es como escuchar un alma hueca: te dice lo que quieres escuchar y luego él hace lo que le viene en gana. Sin duda en este asunto lo que pretende es engañar a la clase empresarial con promesas que no tiene intención alguna en cumplir.

La declaración de Román -favorable al gas- y la de Morales -completamente en contra- fue puesta blanca sobre negro en la portada de el periódico “La Provincia” del miércoles. Morales se cogió el consiguiente arrebato y aguantó como pudo las explicaciones de Román pretextando que el rotativo lo había malinterpretado de forma intencionada. Para creer sinceramente a Román, Morales le pidió un último sacrificio.

Ese sacrificio lo contemplamos ayer en las páginas de Canarias7, el periódico de Videoreport, donde se juntan amigablemente el grupo “Felices los 4”.

Dos artículos, dos que valen un potosí, dos de lectura obligada para los que siguen la vida cotidiana de los partidos políticos, para los que siguen los frenesí de determinados imperios mass media venidos a menos en franca cama redonda con partidos políticos, como es el caso de Nueva Canarias, dos opiniones, dos credos, dos grandes ombligos en un partido de carácter monoteísta donde sólo puede mandar una única voluntad.

De propiciar el aire propanado para que los empresarios compitan a combatirlo

El primero la habitual homilía de Morales: “La trampa del aire propanado”. Nada sorprendente. Las habituales tesis del profeta copiándose a sí mismo. Pero aquí lo importante es el contexto. Morales, en el medio queridísimo de su propaganda, aquel que nutre con esmero desde las viandas públicas, dice lo que todo el mundo sabe y supone: el rey soy yo, el que tiene los votos soy yo, el que maneja 850 millones anuales desde el Cabildo soy yo, el que manda -por lo tanto- en la sacristía de NC soy yo.

También dice algunas charlotadas. Llama “ignorantes” a los que no piensa como él; “descubre” un ataque del Gobierno contra Disa a través de Redexis (¿sabe el inteligente Morales que Disa es el único monopolio gasístico que existe en el Archipiélago y que es una empresa destacadísima en la financiación de Coalición Canaria?), y vuelve a afirmar que el planeta de las renovables cambiará en Gran Canaria cuando estrene Chira-Soria… en 2019, circunstancia que depende de Madrid y del Ejecutivo regional y cada vez menos de su augusta persona. El lector no debe de olvidar que prácticamente el 100% de la energía en Canarias depende del petróleo y que sólo un 12% de renovables se introduce en la parte eléctrica, que constituye un 20% del total. Es decir, no estamos ni siquiera en pañales. En renovables no somos nada.

Pero volvamos al segundo artículo. El de Román. Titulado “Gas por un tubo”. Tras unos cuantos requiebros semánticos el que fuese presidente de CC, líder de Nueva Canarias, y vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria, escribe: “Una vez más el Gobierno canario actúa completamente alejado de los intereses generales (…). Canarias tiene que emprender su propia senda con las enormes potencialidades de las energías eólica y fotovoltaica, entre otras (…). Y no implantando, como pretende el Gobierno, un modelo basado en los combustibles fósiles que tratan de vender como transitorio pero que, por sus elevadas inversiones, vendría para quedarse para muchas décadas. Un modo obsoleto y contaminante que, desde Nueva Canarias, vamos a combatir”.

Aquí lo tenemos. El sacrificio. La rendición. La genuflexión ante el verdadero rey de NC. Román puede decir misa, puede presentarse a los sitios como “interlocutor válido”, puede comprometerse, firmar documentos, garantizar que las cosas saldrán cómo él cuenta… Nada es cierto. Tiene una opinión sensata sobre el gas, la misma opinión sensata que tenía sobre el tren y sobre la ley del suelo, que tenía incluso sobre la televisión autonómica, pero todas esas opiniones son mutables y mudables, carecen de firmeza, están expuestas a transmutaciones de 180º porque su poder ha concluido, porque tiene que hacer esfuerzos extraordinarios para dar una impresión de sí mismo que es falsa, intentando ganar tiempo, rezándole una oración al dios de los sueños cumplidos para que le eche una mano, para que no se note su angustia, para aguantar lo que no está escrito hasta que Morales quede dilapidado por los electores o por un rayo. Morales lo acaba de demostrar en su libreto de propaganda favorito: el que quiera una opinión propia que me pregunte a mí lo que tiene que pensar.

La capitulación hace retroceder NC al Medioevo

Ahora se entiende todo. Pudo ser vicepresidente del Gobierno a principios de legislatura pero Morales le arrebató la oportunidad de una unión CC-NC. Y ahora tampoco será. Cada vez que Román habla de la posibilidad de un pacto nacionalista antes de las elecciones de lo que realmente habla es de darle celos a Morales, y a su organización, ponerlos nerviosos en vistas de cada vez cuentan menos con su experiencia. No existe ni una sola posibilidad para ese pacto desde el pensamiento de NC.

Pero se entiende su determinación, su coraje, su irritación en tantas ocasiones con este Gobierno; sus viajes a Madrid para cerrar con el PP un pacto que quitara a Clavijo de la Presidencia; su dependencia de Videoreport, deseoso de quedar bien con sus dueños, disputándole el trono de los deseos a Morales frente a los que codiciosamente pretenden ganar un concurso desde el chantaje; sus discursos parlamentarios llenos de ferocidad, radicalismo, invectivas de todo tipo, locamente ardiente por demostrar que su boca flamígera es capaz de liquidar a los enemigos de los que lo alimentan; esa sensación tan cuidada por él de que es el jefe de la oposición, aunque tenga solo cinco parlamentarios, y aún así compromete las políticas de Podemos (Ley electoral, TVA, a los que hace pasar como parte de casta), las del PSOE (exprimió a Patricia Hernández y hoy confunde a Ángel Víctor Torres), y las del PP (mareando a Antona, llevándolo a sitios donde no debiera ir, aprovechándose de su falta de experiencia, metiéndole en una crisis de cuidado que casi lo deja paralítico para la política).

Este señor, todo un artista del cambalache y de la confusión, ayer se rindió ante su jefe. Detrás de su máscara habita alguien llamado Román Rodríguez, un político que aprendió el oficio de una forma extraordinariamente dura cuando le regalaron una presidencia de Gobierno que no merecía. Cuando tuvo la oportunidad -vicepresidencia de Cabildo de Gran Canaria- supimos que tenía cualidades de buen gestor y ha sido, sin duda alguna, el mejor parlamentario de los últimos diez años.

Ahora monta estrategias para sobrevivir y ya dice y actúa de forma contraria a lo que piensa. Prefiero no hablar de sentimientos en este momento pero todo esto es muy desagradable. Comparar a Morales con Román es como hacerlo entre el Medioevo y el Renacimiento, es como preferir la agonía del retraso que supone todo sectarismo a un socialdemócrata con la conciencia de que sólo el diálogo resuelve los problemas de los ciudadanos; es como si Nueva Canarias hubiese retrocedido cuarenta años.

Esta capitulación programada, en público y en directo, para acaudillar a un caudillo de lo irracional, dice bien a las claras que la isla de Gran Canaria tendrá que evolucionar y progresar al margen del tirano que secuestra el Cabildo.

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