Jorge Hernández | Foto: EL ESPEJO CANARIO

20 de febrero de 2018
La Fundación Yrichen atiende a 1600 personas con problemas de adicción

Hablamos con Jorge Hernández, sacerdote y presidente de la Asociación Yrichen, sobre sus casi treinta años en la ayuda a las personas con adicciones.

Yrichen comenzó en el municipio grancanario de Telde en el año 1989, cuando “comenzamos a descubrir que había problemas de drogas. Nos venían los padres y no sabían que hacer. Y nosotros tampoco, porque en Canarias no había recursos”. Así decidieron formarse y prestar atención a las personas con dependencias. “Yrichen nació en los sótanos de la iglesia”.

Hernández recuerda que era la época en la que comenzó a escasear el hachís, “y comenzamos a ver vomitadas en las calles”, signo inequívoco de la entrada de la heroína. Era el comienzo de los años ochenta, cuando la droga se extendió por la isla “de la misma forma que lo habíamos visto ya en Madrid”.

Yrichen comenzó a trabajar con un grupo de 20 o 25 personas. Al día de hoy son 1600 personas las atendidas en Telde, El Tablero o la prisión. Durante sus casi treinta años de vida, la organización ha atendido a más de 7000 personas.

Hernández señala que al día de hoy ha vuelto a tener pujanza la heroína, tras el descenso del consumo de cocaína por la crisis. Además, se encuentran de forma cada vez más frecuente con las adicciones al alcohol y al hachís, que están causando “muchos problemas en personas muy jóvenes”.

Además, atienden las “adiciones sin sustancia” en aumento como las que produce el juego online, algunas máquinas y el problema “gravísimo” de la adicción al juego de cartas, que atrae a “gente demasiado joven que se enganchan por la idea de que pueden hacerse profesionales”. Hernández valora el éxito de la atención como la simple “mejora de la calidad de vida” de las personas a las que atienden, lo cual significa cosas distintas dependiendo de los casos.

El acceso a los servicios de Yrichen es totalmente gratuito, aunque las personas y sus familias pueden hacerse socio si lo desean. “Nunca pregunto si son católicos”, afirma Hernández, orgullo de separar las creencias de la dignidad que merece toda persona por el hecho de serlo.

Tras sus muchos años al frente de la organización, este sacerdote se emociona cuando se le pregunta por los entierros a los que ha tenido que acudir: “muchos”. Los sobrelleva en gran parte porque siempre se ha sentido “acompañado del Jesús Nazaret en el que creo”, lo cual no significa creencia ciega: “He dudado montón de veces, forma parte del ser humano”.

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