5 de octubre de 2018
Gestación subrogada

Marian Álvarez

Gestación subrogada, gestación por sustitución, maternidad subrogada, maternidad suplente, vientre de alquiler, vientre sustituto, trafico de úteros…

Estas son algunas de las expresiones que se utilizan, desde las posturas a favor, y desde las posturas en contra, al contrato que suscriben una mujer que se manifiesta conforme a gestar, esto es, a ser la gestante de los óvulos fecundados con material genético de otras personas. Puede ser que el material genético incluya los óvulos de la gestante, lo que se denomina gestación subrogada tradicional; o que los óvulos fecundados sean carga genética tanto de la madre como del padre comitente (que es como se denomina a quienes recurren a este contrato para ser padres de derecho). La fórmula que se emplea, en ambos casos, son técnicas de reproducción asistida, fecundación in vitro.

Este contrato puede ser comercial, se presta un servicio a cambio de una cantidad económica, y puede ser también altruista, en la que la gestante no recibe compensación económica alguna, salvo, en algún caso, el pago de la factura médica.

EEUU, Grecia, Ucrania, Rusia, Georgia, Kazajistán e India son países en los que se trata de una práctica completamente legal recogida en una ley explícita. Otros lugares como Tailandia, Nepal y México comenzaron con programas de esta naturaleza y luego fueron suspendidos legislativamente. Otros como Bielorrusia o Armenia sólo lo contemplan para ciudadanos residentes en el país.

En cada uno de estos países, a los que se denomina “destinos” como si se tratara de captadores de turismo, la normativa difiere en cuanto a quiénes y cómo pueden optar a este contrato: matrimonios oficiales, familias monoparentales, homosexuales…

No cabe duda de que se trata de una técnica éticamente controvertida por cuanto su desarrollo implica valores culturales de dimensión vital. Las posturas son radicalmente opuestas. De un lado las izquierdas y los movimientos feministas (aunque no todos), del otro los denominados neoliberales.

En 2017 se presentaba en Madrid la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres que aglutina a organizaciones y movimientos como el denominado ‘No somos vasijas’ cuyo argumentario arranca de la máxima de que las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial. Entienden que, desde el punto de vista de los derechos humanos, se rechaza la idea de que las mujeres sean usadas como “contenedoras” y sus capacidades reproductivas sean compradas. El derecho a la integridad del cuerpo no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato. Las objeciones plantean la falta de libertad de las mujeres para decidir sobre el presente y el futuro del bebé que espera, de ejercer un control sobre su sexualidad, de un negocio que se lucra de la situación de desigualdad de la mujer gestante frente a la otra parte contratante. Porque el deseo de ser padres, resumen, no es en sí un derecho.

En el trasfondo la oposición tiene una relación estrecha y directa con el rechazo al patriarcado y la sociedad machista. Es por ello que se compara la gestación subrogada con los matrimonios de conveniencia y la compra por dote. Desde esta perceptiva no se valora si quiera la posibilidad de la acción altruista o generosa que siempre expresan con muchas dudas fruto de una educación religiosa o una crianza patriarcal según la cual las mujeres existen para estar al servicio de otros.

En el lado opuesto se sitúa en nuestro país la Asociación por la Gestación Subrogada en España, que defiende la legalización y regularización de la Gestación por Sustitución con las mismas garantías que el resto de técnicas de reproducción asistida ya contempladas en la normativa. Aluden al principio y derecho de Igualdad recogido en la Constitución. Opinan que al igual que otros procedimientos de reproducción humana asistida, como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, la gestación por sustitución da respuesta a aquéllos que necesitan ayuda para reproducirse. Sin embargo, frente a quienes carecen de óvulos o esperma, o de ambos, y reciben ayuda para engendrar el embrión que los convertirá en padres/madres, aquellos cuya disfunción se centra en carecer de útero en el que gestar ese embrión se ven abocados a vivir sin descendencia. En su Manifiesto de presentación, no se hace ninguna referencia a conceptos de orden ético ni moral, no se dan argumentos que contrarresten las múltiples objeciones que referenciadas en la dignidad humana enarbolan los movimientos contrarios. No obstante, sí comparten y difunden determinados artículos de opinión, cartas abiertas en las que se expone la hipocresía de quienes exigen la libertad real de unas mujeres a las que quieren imponer sus valores.

Hasta hace apenas unos días, no me había parado a investigar, a bucear, a leer y reflexionar sobre la gestación subrogada. En la mayor parte de las ocasiones que he pulsado el posicionamiento de otras mujeres sobre ella, la primera referencia ha sido a la exitosa serie televisiva ‘El Cuento de la Criada’, que he visto completa y con mucho dolor. Pero aunque es normal que se evoque, porque en ambos casos hablamos de la mujer cuyo útero es usado para gestar al hijo de otros, creo que entre la distopía de Margaret Atwood y los vientres de alquiler hay una diferencia fundamental. La libertad. Porque nuestra adorada Defred, en esa locura de sociedad que es Gilead, sólo tiene una elección: someterse o morir. ¿Es comparable?

No recuerdo que nadie se llevara las manos a la cabeza por los bancos de semen que, de forma altruista han cubierto los ansiados deseos de maternidad de muchas parejas que ni siquiera tenían que demostrar una disfunción que les impidiera procrear. También de muchas madres solteras. Tampoco en el caso de que lo donado fuera un óvulo. Está claro que sobre el material genético, sea del hombre o sea de la mujer, no existe controversia, y por tanto no debe ser algo que afecte a la dignidad humana.

La polémica se centra en la utilización del cuerpo femenino, dado que aún los hombres no tienen la capacidad de gestar.

El debate de la utilización del cuerpo femenino en la gestación subrogada, la cosificación que dirían las feministas, nos llevan irremediablemente a un debate mucho más antiguo y aún no resuelto, el de la prostitución. Porque de lo que se habla es de usar, y siempre en tono despectivo, el cuerpo de la mujer, para satisfacer un deseo de otro: el deseo sexual o el deseo de ser padres.

Desde mi perspectiva, en el caso de la prostitución, a cuya regulación son igualmente contrarios los partidos de izquierda y las organizaciones feministas, el debate se reduce a si la elección es voluntaria o condicionada. ¿Dedicarse a la prostitución es una decisión libre o está condicionada por la falta de recursos económicos y la desigualdad social que impide a la mujer acceder a una verdadera igualdad de oportunidades?

Para los abolicionistas de la prostitución la mujer no es libre y en ocasiones dudo de si esos condicionantes son igualmente impuestos. Yo creo que puede haber mujeres y hombres que, desde una plena libertad y conciencia, sin ataduras culturales ni religiosas, sin posibilidad al trauma, elijan la prostitución.

He de reconocer que no tengo aún una postura afianzada respecto a la gestación subrogada, y tengo claro que no es fácil porque parto de un condicionamiento cultural muy arraigado con respecto a la maternidad, al vínculo que la gestación produce entre la gestante y la criatura. Pero con 45 años, aferrarme o no a esos condicionantes, también es mi elección. Mi defensa de la libertad real y efectiva me impide juzgar la decisión de cualquier otra mujer, ni mucho menos pontificar sobre ello.

Pero de la misma manera no puedo negar que visitar portales web, españoles y extranjeros, verdaderas empresas que se dedican a negociar estos servicios, me ha impresionado. Leer las condiciones que se imponen a la madre gestante, las promesas de felicidad a los padres comitentes, con un abanico de posibilidades y precios que abarcan desde la elección de las madres en un catálogo, hasta el sexo del bebé, de cómo las gestantes son monitorizadas en lo que comen, en lo que beben y casi hasta en lo que piensan me ha producido rechazo. Y me ha sorprendido el gran número de empresas que se dedican a esto, y me asombra el volumen de negocio que se advierte que mueve el deseo incumplido de ser padres.

Pero entiendo que estas reacciones son la respuesta a quien soy yo, a lo que he mamado. Se que yo hoy no podría ser gestante subrogada, pero no sé hasta donde podría haber llegado por ser madre.

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